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Reutilio Hurtado envuelto en tremenda temporada. Pese a las reiteradas injusticias que se han cometido con este jugador, el muchacho temporada tras temporada pone buenos numeros en los libros y da lo mejor de si para su equipo.

viernes, 14 de mayo de 2010

LA TRISTE HISTORIA DE "CHEITO" RODRIGUEZ

Por Fernando Rodríguez


Estadio Latinoamericano, jueves 20 de octubre de 1979, día de la Cultura Nacional de Cuba. Se celebra el último juego de la primera etapa de la IV Copa Intercontinental celebrada en varias ciudades cubanas. El país sede nunca había participado en Intercontinentales y ahora se enfrenta a la novena de Estados Unidos, país que en el campo beisbolero no visitaba a la mayor de Las Antillas hacia 37 años. El juego tenía matices que por la época y los rivales adquiría para algunos otros matices y consecuencias que salían de lo deportivo. Los equipos contendientes se mantenían invictos, por lo que el resultado del juego era clave para las aspiraciones de obtener el título.
Sexto inning en su parte alta. Por los norteños lanza el zurdo Ken Dayley, joven promesa del montículo que después lanzaría en Grandes Ligas. El pitcher siniestro ha mantenido en un puño a la fuerte tanda criolla. Se acerca al home plate el número 6, tercera base y cuarto bate de los cubanos: Pedro José "Cheíto" Rodríguez. 


Pedro José Rodríguez
Pedro José Rodríguez ha sido considerado por muchos expertos como el bateador de más poder que ha pasado por nuestras Series Nacionales.
El juego marcha 4 a 2 a favor de los norteamericanos. En el final del quinto capítulo el cuarto bate Joe Carter había conectado largo jonrón de tres carreras con el que explotó a Braudilio Vinent, principal carta de Cuba, quien fue sustituido por el también derecho Jesús Guerra. Todavía no se habían apagado los murmullos por el tremendo batazo de Carter. Algunos aficionados de los 55 mil que atestaban el Coloso del Cerro se mostraban apesadumbrados. El equipo del norte venía cuajado de figuras prometedoras como Terry Francona, Joe Carter, Ken Dayley, Brian Little, D’Onofrio, Pat Dobson, entre otros, algunos de los cuales llegarían a Grandes Ligas e incluso brillaron en el mejor béisbol del mundo. En el dogout criollo su mentor, Servio Tulio Borges, daba constantes pasitos y repetía nerviosas chupadas a un cigarro. Cheíto se le acercó y trató de calmarlo: “Tranquilo, que este juego lo decido yo, no se lo van a llevar”. Alberto Martínez, receptor cubano, le dijo a Cheíto: “Tú vas a pasar este juego inadvertido después de haber dado tantos jonrones”. “A ese se la pierdo yo”, obtuvo por respuesta. Al cerrar el quinto inning Jesús Guerra llegó al dogout y sintió que lo tocaron por la espalda -era Cheíto Rodríguez- y le dijo bajito: "si metes dos ceritos voy a revolver el estadio". Guerra cumplió su cometido hasta el sexto capítulo.
Se para Pedro José en el rectángulo de bateo. El zurdo lo ha dominado fácilmente en dos flys al center field y el shortstop con lanzamientos por encima del brazo. Lanza recta baja, pegada y el fuerte sonido del impacto del aluminio con la pelota no impide ver como la esférica se mete en el hueco que existe en el graderío por el mismo centro del terreno a más de 400 pies y más de 50 mil gargantas estallan en un grito de emoción. El partido se pone 4 a 3.
En el banco cubano mejora el ambiente y alguien le dice bajito al pinareño Jesús Guerra. "Guajiro, esfuérzate y mete par de ceros que en la próxima voy a tumbar el Latinoamericano”. Así habló algo petulante Cheíto quien cuando le toca batear de nuevo a Cuba se dirige a los que le antecedían en el line up -Alfonso Urquiola, Pedro Jova, Rodolfo Puente y Luis Giraldo Casanova- : “Solo necesito que al menos uno de ustedes llegue a primera que del resto me encargo yo”.
Principio de la séptima entrada, el marcador se mantiene igual. Hay dos outs en la pizarra, pero Cuba tiene en segunda y primera a Jova y Casanova. Pedro José, dirigiéndose a Guerra, le silbó -tenía tres bates en las manos- soltó la derecha y se pasó el dedo índice por el cuello en una señal muy cubana (como que los iba a matar). Bobby Salamanca como en tantas otras ocasiones da unos toques a la mesa y anuncia: “Pase usted, Señor Jonrón”, pues Pedro José está en el home con el bate tomado a todo lo largo, bien en alto, el codo derecho levantado, las piernas bien agachadas, abiertas y muy pegado al plato. El público le pide en un gran coro que de jonrón: “se va, se va, se vaaa…” El cienfueguero los complace de inmediato cuando enderezó una curva bajita con un batazo inmenso entre left y center que cae en la parte alta del graderío a más de 450 pies del home y el estadio se vuelve un manicomio. Al salir al campo a cubrir el final de ese inning Cheíto se le acercó a Guerra desde tercera base y le dijo: "remata guajiro que esto es tuyo". Al final Guerra siguió dominando la situación y Cuba ganó 6 a 4. Por cosas de la vida ¿o del béisbol? el último out fue rolling a tercera.
El 26 de octubre -aniversario 33 del otrora Gran Estadio del Cerro- se enfrentan de nuevo en el segundo juego entre sí norteamericanos y cubanos, este es el partido final del torneo. Ken Dayley vuelve a dominar a Cuba y logra una ventaja momentánea de 4 carreras a cero hasta el cuarto inning. Pedro José volvió a ser su verdugo con doble y hit que impulsaron las carreras del empate y la ventaja. Cuba ganó a EEUU 7 a 4 con desquite para Vinent como relevo de Jesús Guerra.
En esa IV Copa Intercontinental Cheíto fue el más valioso no solo por acaparar los lideratos individuales de anotadas, hits, slugging, jonrones y carreras impulsadas, estos tres departamentos con récords para el evento, así como por sus tres jonrones en un partido contra Panamá. Perdió la posibilidad de ganar el título de bateo y por consiguiente la triple corona ofensiva en su última comparecencia al bate.
En octubre del 79 Cheíto no era un desconocido, ya había logrado algunos de sus hitos más importantes como su marca en jonrones para una Nacional en la IV Serie Selectiva en 1978, el último de ellos frente al estelar Oscar Romero fue el 100 de su corta carrera que sirvió para empatar en el lugar de honor a su equipo Las Villas con Pinar del Rio, bateador que más rápido llegaba a dicha cifra en cuanto a veces al bate (1599), series jugadas (5) y edad (22 años). Días después decidió el enconado Play Off y campeonato con oportuno jonrón frente al astro Rogelio García –el mejor pitcher del momento- en el Latinoamericano por lo que fue elegido unánimemente como el jugador más valioso de la Serie.
En 1978 impuso récord para una temporada nacional de jonrones con 44 y carreras impulsadas con 112. En las competencias internacionales sumó otros 24 cuadrangulares para totalizar 68 vuelacercas, ambos récords vigentes para peloteros amateurs y cubanos en cualquier liga del mundo respectivamente. Ya en esa época era comparado con los mejores sluggers del mundo, incluyendo los del béisbol de Grandes Ligas, pues llegó a ostentar la tercera mejor frecuencia histórica de jonrones por veces al bate y la mejor entre todos los peloteros activos del mundo.
Otros hechos relevantes de su carrera habían sido sus 15 jonrones, 37 impulsadas y 23 anotadas en apenas diez partidos y 45 veces al bate durante los Juegos Centroamericanos y del Caribe celebrados en Medellín que le valieron ser designado el jugador más útil del evento. En dos partidos consecutivos de ese evento dio tres cuadrangulares en un juego, dos en una entrada y seis carreras impulsadas en el mismo inning, todas marcas vigentes.
En el Mundial celebrado en Italia en la segunda quincena de agosto y primera de septiembre de 1978 fue el héroe ofensivo en los difíciles partidos contra Japón y Estados Unidos, este último con largo cuadrangular contra el supersónico derecho Tim Leary que prácticamente le dio el título mundial a Cuba. En los VIII Juegos Deportivos Panamericanos celebrados en Puerto Rico en el verano del 79 fue el más valioso de la competencia de béisbol por titularse campeón de bateo, empatado con Armando Capiró, y líder en jonrones con 5, récord para el evento, a pesar de no jugar en los dos primeros partidos del calendario de ocho juegos por tener una lesión en su cintura.
Las ofertas millonarias para jugar en Estados Unidos le perseguían en cada salida al exterior. Durante la IV Copa scouts de los equipos de Grandes Ligas Yanquis de Nueva York y Cerveceros de Milwaukee lo contactaron y se rumora que le ofrecieron firmar cheque en blanco, con una cifra acorde y razonable a sus propósitos. Volvieron a ser rechazados y él fue elegido por segundo año consecutivo entre los diez atletas más destacados de Cuba y América Latina, el segundo con mayor cantidad de votos y primero de deportes colectivos.
¿Cuáles eran las características de Cheíto como pelotero? Fue un jugador de todos los días, con gran calidad sostenida año tras año, pero sobre todo de los juegos importantes, de mucha oportunidad, de la hora cero, un bateador de clotche, no por gusto decidió juegos y campeonatos. Adquirió fama por anunciar de forma previa varios de sus más largos y oportunos jonrones. Con excepción del Latinoamericano la sacó de aire en todos los estadios del país y era raro cuando no la sacaba por encima del techo del 5 de Septiembre en su natal Cienfuegos. Tal vez haya sido el bateador de más poder en la pelota cubana, pues con pelotas no muy vivas la puso dos veces en lo último del graderío del jardín izquierdo del Latino y le midieron tres batazos por encima de los 500 pies de distancias del home en Santa Clara y Cienfuegos.
El 52 por ciento de sus cuadrangulares en Series Nacionales fue frente a lanzadores miembros de la Preselección Nacional o ganadores de más de cien juegos en Series Nacionales, de igual forma el 59 por ciento de sus jonrones fueron con hombres en circulación, 14 de ellos con las bases llenas, líder histórico. De los diez primeros en jonrones en Series Nacionales es el de menos series y veces al bate.
En el aspecto técnico logró un sistema de bateo muy peculiar y difícil: bien agachado, con las piernas abiertas, el bate levantado y agarrado a todo lo largo, al pararse a batear lo hacía bien encajado y pegado al cajón de bateo y con un swing rápido sin dar paso para batear, solo coordinando muy bien la rotación de piernas, cadera y muñecas. Bateador de cualquier tipo de lanzamiento, pero en especial de las bolas pegadas y en zona baja, fue el más grande golfeador del béisbol cubano, con un poder excepcional que le hacía sacar pelotas de los parques casi desde el suelo.
Gracias a su auto preparación física personal y dominio de la técnica le permitieron desarrollar una mecánica y técnica de bateo perfecta para dar jonrones y poncharse poco, a pesar de ser un slugger natural. Por sus características como bateador y su coraje impulsó muchas carreras importantes o adelantaba a corredores hacia posiciones anotadoras, pues daba muchos batazos a los jardines, de ahí su cantidad de extrabases y flys de sacrificio.
Nunca discutió con árbitros ni con otros peloteros fuese cual fuese la causa de alguna diferencia, a pesar que muchos lanzadores le propinaban deadball, varios intencionales. Solo se concentraba en lo que mejor sabía hacer: dar jonrones, empujar carreras y ayudar a que su equipo venciera. Asombraba su buena velocidad a pesar de su corpulencia tanto a la defensa como en el corrido de las bases. También fue proverbial su esfuerzo por superarse, pues en sus comienzos no era destacado en la defensa de la tercera base, aunque sí el más corajudo, pues paraba muchos batazos fuertes con su fornida anatomía, se las agenciaba para que le quedara cerca la pelota y sacaba out en primera gracias a su poderoso brazo. Sin embargo se convirtió en poco tiempo en el más destacado a la defensa de la antesala. En su última serie en 1985 solo cometió dos errores en más de cien lances.
En julio de 1985 se mantenía en gran forma deportiva, su carrera aún estaba ascendente, pues era el cuarto bate del equipo Cuba desde 1978. Con apenas 12 temporadas jugadas y 29 años de edad amenazaba con romper en breve varias de las más importantes marcas históricas del béisbol cubano. Baste señalar que en jonrones escoltaba a su compañero Antonio Muñoz a solo 15 jonrones de este, pero con seis series y años menos. Poseía las mejores frecuencias de jonrones y carreras impulsadas por veces al bate y series, a pesar de que en sus cuatro primeras temporadas jugó con pelotas poco vivas, bate de madera y frente a un mejor pitcheo nacional. Ya en ese momento se jugaban temporadas largas con el temible bate de aluminio instaurado desde 1977, pero mejorados en 1984, al año siguiente de su suspensión se implantó una bola más viva y el pitcheo cubano estaba en crisis, por eso muchos especialistas y aficionados pensamos que pudo ser el primero en romper las barreras de los 500 jonrones y 1600 impulsadas.
Con el bate de aluminio, en ocho temporadas, ostentaba una frecuencia de 29,1 jonrones por temporada y un cuadrangular conectado cada 12,69 veces al bate; así como 749 carreras impulsadas para una impulsada cada 3,95 comparecencias oficiales al cajón de bateo, promediando 94 empujadas por temporada. Además, compilaba un average cercano a los 300 (.295) y un slugging de .584. Si le sumamos la serie play off del 78 la frecuencia de jonrones de Pedro José por veces al bate con aluminio era de 12,61. La otra mejor frecuencia con ese implemento fue de Romelio Martínez con 12,73. Con el bate de madera utilizado hasta 1977 fue también el de mejor frecuencia de cuadrangulares por veces al bate con 23,53.
Sin embargo, sus metas no pudieron ser cumplidas por ser objeto de una desproporcional sanción por tiempo indefinido. La indisciplina cometida consistió en recibir 92 dólares de regalo del tercera base de Venezuela durante la III Copa “José Antonio Huelga”. Los peloteros criollos solo recibían 30 dólares de dieta para sus salidas al exterior y no podían tener más divisas de las que les entregaba el INDER, la misma estaba penalizada en el país. Ese dinero lo compartió con su compañero de equipo Alberto Martínez, se lo detectan a este y ambos son separados del equipo Cuba y suspendidos del béisbol nacional por tiempo indefinido. Alberto cumplió cinco meses de sanción; Cheíto tres años con tres meses, periodo durante el cual le fue prohibido jugar y entrenar en ninguna categoría.
Su regreso fue pálido y estuvo asediado por lesiones que lo condujeron al retiro oficial el 22 de marzo de 1992 después de jugar tres series donde solo dio 10 cuadrangulares. Así decía adiós el más grande slugger de la pelota jugada en Cuba después de 1959, si con la disculpa de los Orestes Kindelán, Muñoz, Romelio Martínez y Lázaro Junco.
Fuerzas ajenas al deporte, pero oscuras y no menos poderosas privaron a Cheíto y a nosotros de ver muchos más de sus cósmicos batazos. Así le pagaron las glorias que le había dado a su patria y su negativa a jugar en el béisbol profesional. Todavía no se le menciona lo suficiente, ni a él ni a sus hazañas. Tampoco se pueden ver en televisión sus más importantes y largos jonrones en documentales o imágenes de archivo. Algún día se verán y saldrá toda la luz de su problema y será reivindicado oficialmente. Ya se está viendo y siempre ha sido reivindicado por los seguidores del pasatiempo nacional de Cuba, a fin de cuentas nunca ha dejado de ser El Señor Jonrón.

(Inspirado en fragmentos del libro “Pase Usted, Señor Jonrón” del propio autor) 

Tomado de BsseballdeCuba.com

2 comentarios:

Paco García dijo...

Gran nota!!! enhorabuena, una historia dolorosa y sumamente injusta lo de cheo y albertico martínez

Paco García dijo...

Por cierto, albertico volvió a jugar, a cheo me lo suspendieron de por vida, pelotero de grandes ligas. Vergonzoso. Saludos

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